Domingo de Ramos

Estimados amigos:

Estos cuarenta días de cuaresma nos hemos preparado para la Semana Santa que nos ayuda ver nuestra necesidad de tener un salvador. Mirando los medios de comunicación, no abasta las historias de terrorismo, disconformidad, pobreza, hambre, misericordia falsa, violencia y muerte. No tenemos que ir mas haya que nuestra propia comunidad para sentir que algo definitivamente está mal en cuanto la vida de nuestra generación. Estamos perdidos en nuestros aparatos eléctricos y, para muchas personas, somos insaciables en cuanto buscar entretenimiento que, en muchas maneras, atonta nuestras habilidades de sentir empatía para nuestro prójimo.

Necesitamos un salvador porque el corazón del ser humano nunca descansará hasta que descanse en Dios. Solo Dios puede saciar las más profundas añoranzas de todo ser humano. En verdad nuestra Santa Fe profesa que Dios nos creó para adorarlo y servirle. Cuando no estamos haciendo esto, o no sabemos hacerlo, vive un gran vacío en nuestra alma. Muchos buscan a llenar ese vacío con materiales, complacencias, y adicciones. Aunque uno sea dueño de todo el mundo, ese vacío nunca se saciara.

Nuestro Señor Jesucristo vino para salvarnos y llenar ese vacío que vive en cada uno de nosotros. Jesús se entrega libremente al sufrimiento y la muerte para ser de ella el camino de nuestra redención. En su sacrifico da plenitud en su humanidad al deber del hombre de adorar al Padre, porque Cristo lo adora plenamente y, al cumplir la voluntad del Padre, cuplé el deber de servirle. Jesucristo, en su divinidad, da testimonio del amor a Dios para el hombre y satisface la añoranza de ser amado que vive en cada ser humano. Jesús es Dios encarnados. Él es “Emanuel” y “Dios que salva.”

Hoy comenzamos la profunda meditación sobre la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esta semana nos ofrece una oportunidad para conocer a Jesús en sus últimos momentos antes de su muerte. Es aquí que lo conoceremos como el gran salvador. Les invito que tomen estos tres días como si fuera un retiro donde te entregas a estos misterios pascuales. Deja que Jesús te invite a su pasión. Deja de pedirle tanto por tus problemas y necesidades y ponte atento al misterio que es su vida. Deja que Jesús te hable, que te instruya, que te sane, que te inspire para la vida eterna. Agárrate de la mano de Jesús para que donde este el Maestro, este su discípulo.

Muy Rev. Esequiel Sanchez

2018-03-26T11:50:25+00:00
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