Reflexion sobre el crisis de la coronavirus

Esta crisis nos ha impactado de muchas maneras y nos reta a todos a reflexionar sobre la importancia de nuestra fe. Tristemente, hay muchos bloggers, y comentaristas declarando que esta crisis proviene de la mano de Dios intencionalmente. Algunos declaran que Dios está castigando a la humanidad por los pecados cometidos.  Otros declaran cosas al otro lado del péndulo y intentan ser demasiadamente optimista, declarando que esta crisis es una bendición y gracia de Dios para unir las familias. Esto puede sonar razonable, pero cuando uno está sufriendo con este virus, es difícil concluir que esto es una bendición para el que sufre. La verdad es que el misterio de la razón por esto no ha sido revelado puesto que todavía estamos en medio de la tormenta. No obstante, a pesar del dolor, hay signos que marcan claramente la providencia de Dios.

El Perder el Acceso a los Sacramentos

Este año celebro mi duodécimo quinto aniversario de mi ordenación al sacerdocio y les confieso que, durante todo este tiempo, nunca he tenido que posponer la eucaristía y negar los sacramentos a nadie. Históricamente, cuando la recepción de los sacramentos fuese negado a un pueblo, fue por decreto del Papa. Esa acción se llamaba una “Prohibición Eclesiástica.” El motivo de esta medida no era para castigar a un pueblo, sino era una medida medicinal que buscaba ayudar a la feligresía reflexionar sobre el valor de los dones que Cristo nos ofrece por medio del ministerio de la Iglesia. Era un recordatorio para todos que no somos seres independientes o autosuficientes sino somo seres radicalmente dependientes del amor y misericordia de Dios cuyas bendiciones no debemos de tomar a la ligera. La respuesta correcta hacia la generosidad y benevolencia de Dios es de ser agradecidos y serviciales a Su voluntad.

En nuestra situación actual, no estamos bajo una Prohibición Eclesiástica. No obstante, el decreto del obispo de retirar acceso de los sacramentos al pueblo sí fue dada por protección al pueblo. Considero que el efecto de esta decisión es la misma de un decreto papal. Los fieles católicos son llamados a reflexionar sobre el valor de los sacramentos en nuestras vidas. Quizás, juzgando por razón de ver el abandono de la participación en las misas dominicales, el matrimonio, bautismo, y aun, exequias, podemos decir con sinceridad que hemos abandonado la gracia que Dios nos regala a precio barato. La sorpresa de perder acceso a los sacramentos ha provocado que muchos cuestionan su importancia diciendo: ¿Sera que los sacramentos son necesarios para la salvación de las almas? ¿Si esto es el caso, y uno siendo pecador, como evitaría ser juzgado y justamente condenado si el acceso a su misericordia ha sido cerrado o abandonado en mi vida? Si creemos que los sacramentos no son necesarios para que uno logre la salvación, entonces relájate y no te preocupes de nada.  No obstante, la Santa Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, los Concilios Eclesiales a través de los siglos, los Patriarcas y Matriarcas de la Iglesia, y aun los mismos Apóstoles declaran que si son necesarios para la salvación de nuestras almas.

El Llamado a Celebrar “Misas Privadas”

Desde la propagación del nuevo Instrucción General del Misal Romano en el año 1972 por San Pablo VI, la celebración eucarística cambio el hecho que el sacerdote ofreciera la misa en Latín y mirando al este (Ad Orientem o Versus Deus) a dar la misa en el idioma del pueblo y orientarse hacia la congregación (Versus Populo). Esta orientación cambio el enfoque de la celebración de la Misa en ser algo estrictamente el campo de los sacerdotes, donde sube y baja del altar y ofrece el “El Santo Sacrificio,” a una “Cena Común” donde el sacerdote sirve como anfitrión al “Banquete del Señor.” Para aclarar, es importante subrayar que estas dos dimensiones: Santo Sacrificio y Banquete del Señor, siempre han sido parte de nuestra teología eucarística. Lo que es nuevo, en mi opinión, es que estas dos dimensiones esenciales han sido presentadas en forma de oposición de manera que grandes teólogos en materia de liturgia como el SS. Benedicto XVI, San. Juan Pablo II, Cardenal Arinze y Cardenal Sarah (ambos encargados de la Congregación para el Culto Divino y Diciplina de los Sacramentos) han declarado que la Iglesia nunca ha dividido estos conceptos y que no están en oposición.

Recuerdo cuando era seminarista estudiando la liturgia. La Misa Tridentina (Misa en latín) nunca se nos enseñó. Se escuchaba de ella, y aún en términos negativos, en forma de comparación con el desarrollo del Misal Romano del 1972. Celebrar “misas privadas” fue desanimada en lo absoluto puesto que la dimensión comunal estaría ausente. En verdad, antes del Motu Proprio del Papa Pablo VI, era ley eclesiástica que todo sacerdote celebre la santa misa diariamente aún en privado. El sobre énfasis del aspecto “banquete común” disminuyó la importancia de la obligación de requerir que el clero celebre la misa diariamente.

Hoy, el llamado de los obispos hacia los sacerdotes a celebrar “misas privadas” es un llamado a reflexionar sobre la relación entre el sacerdocio, la eucaristía y la comunidad. ¿Por qué es necesario celebrar misas privadas cuando la comunidad no puede participar? Porque la santa misa también es el sacrificio de Cristo para la redención del mundo. Considero que no es coincidencia contemplar que, durante esta época donde la imagen del sacerdote ha sufrido tantas heridas por razón de escándalos, esta meditación silenciosa sea verdaderamente una bendición para el pueblo y el sacerdocio.

Como sacerdote, pienso mucho en las vidas de aquellos quienes son confiados a mi liderazgo pastoral. Me identifico como “padre” para aquellos quienes me han confiado su cuidado espiritual. No cabe duda de que esta crisis de la Coronavirus ha provocado cierto distanciamiento entre el clero y la feligresía. Me ha forzado a fortalecer y profundizar mi relación con Jesus, quien nos ofrece su vida por la nuestra. En las misas privadas, el sacerdote esta solo con su Cristo. Podemos pensar que, quizás, Cristo mismo desea hablar directamente a los corazones de sus sacerdotes que solemos a preocuparnos por presentar nuestra “forma y estilo” al pueblo y carecemos un poco en la profundidad de comunión con Cristo nuestro Señor.

2020-03-26T15:31:11+00:00
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